El Libro de Kells, pequeña joya veraniega

En un verano plagado de estereotipos cinematográficos circundantes, donde hasta Toy Story 3 o Inception ya son reconocidos como la veraniega de Pixar o Nolan, El libro de Kells resulta un refrescante alivio.

Está en competencia directa junto a Toy Story y Cómo entrenar a tu dragón por la película de animación del año, (en mi vida y en las vuestras también nímio mortales), y no en vano fue nominada al Oscar en esta categoría. Prejuicios morales-religiosos aparte, porque no es esa su verdadera temática, sabe llevarnos por un laberinto que creemos intuir, pero que en absoluto conocemos.

La película en sí es un acto de valentía por lo arriesgado del proyecto desde su propio guión, que se sostiene sobre la fuerte estructura de la arquitrama,  en la que el protagonista, Brendan, ha de librar a su aldea irlandesa medieval de una invasión vikinga. Sin embargo, la historia supera esta estado (porque en el fondo nos acaba casi dando lo mismo) para llevarnos por caminos de una madurez brutal que hace que tanto un adulto, como un niño, puedan disfrutar de lo mismo: el verdadero espíritu de la naturelaza fusionado con los primeros vestigios del arte de la iluminación. Algo mágico, en momento precisos del filme, que en su totalidad solo lo lograban maestro como Michael Ende.

Estereotipos: ,

Una disertación en “El Libro de Kells, pequeña joya veraniega”

  1. Maeliño dice:

    Tiene muy buena pinta! Ya la viste entonces?

Diserta, listillo...