Invictus: Mandela delegando el marrón

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Invictus se puede dividir en dos partes: una de gente que habla y otra de gente que juega al rugby. Mi favorita es la primera. Y no es que no me guste la segunda, pero ocurre que de pequeño nos bombardearon demasiado con Oliver y Benji como para que me llegue a sorprender la hazaña rugbística del Campeonato del Mundo de 1995.

¿Quién es el protagonista de Invictus? Una pregunta complicada. Desde el punto de vista de la acción, es sin duda el personaje de Matt Damon. Sin embargo, existe una intecionalidad superior que mueve los hilos, manipulante, y que asusta: Nelson Mandela.

Sí, muy bonito, yo te hipnotizo para que ganéis, todos ganamos, país unido y fin de la historia. Oh wait! ¿Me han vendido el sueño americano en Sudáfrica sin darme cuenta? Volvamos al protagonismo de la historia. ¿Qué hace Mandela encarnado a la perfección por Morgan Freeman? Pasar el marrón.

No es que me desagraden las consecuencias de toda la historia, ya que el uso controlado del opio del pueblo ha demostrado esta vez ser más útil, ético y humanitario que las armas políticas. Lo que me llama la atención, y hace que me parta de risa, es el cómo se llega a esa situación moral de enaltecimiento del espíritu nacional, es decir, volviendo al principio, la parte de la película en que hablan: me encanta la sonrisa de Freeman y la mirada de concentración de Damon.

Para terminar, cabe perdonar a Clint Eastwood las dos falsas alarmas estúpidas, sobre todo, la que más canta, la del avión estrellándose contra el estadio. Si utilizas un avión, que sea con todas sus consecuencias. Hubiera sido exquisito que el devenir del listo de Freeman y el pringao de Damon hubiera acabado en ruinas y llamas. Pregunta maliciosa: ¿De dónde sacaría la idea?

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Diserta, listillo...