Más extraño que la ficción

Más extraño que la ficción es la producción en entretenimiento. De nuevo vuelvo por un periodo más que definido a esta ardua tarea. Un golpe que transforma en planicie la cordillera personal-guionística que traía desde hace un año. De repente, la apisonadora obliga a adaptarte al terreno. Que no es por quejarnos, que habrá que seguir apostando.
Pero mientras tanto, habrá que conformarse con la tarea de ablandar el ladrillo todos los días, la tarea de abrirse paso en la masa pegajosa que se proclama mundo, cada mañana topar con el paralelepípedo de nombre repugnante, con la satisfacción perruna de que todo este en su sitio, la misma mujer al lado, los mismos zapatos, el mismo sabor de la misma pasta dentífrica, la misma tristeza de las casas de enfrente, del sucio tablero de ventanas de tiempo con su letrero Hotel de Bélgica.
Porque (…) no todo está perdido. Cuando abra la puerta y me asome a la escalera, sabré que abajo empieza la calle; no el molde ya aceptado, no las casas ya sabidas, no el hotel de enfrente: la calle, la viva floresta donde cada instante puede arrojarse sobre mí como una magnolia, donde las caras van a nacer cuando las mire, cuando avance un poco más, cuando con los codos y las pestañas y las uñas me rompa minuciosamente contra la pasta del ladrillo de cristal, y juegue mi vida mientras avanzo paso a paso para ir a comprar el diario a la esquina.
Podría haberlo citado en tantos otros momento, así que casi mejor quemar su baza en esta ocasión.
Estereotipos: Historias de Cronopios y Famas, Julio Cortázar

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