Si Goethe levantase la cabeza

faust

Las afinidades electivas de los cineastas seguidores de Mefistófeles han sido más o menos afortunadas a lo largo de la historia. Pues bien, esta última jornada de Máster, de la que acabo de volver mentalmente agotado, después de una de las mejores ponencias a las que haya asistido y asistiré, obra de Enrique Urbizu, me ha dejado además el poso de una casualidad faustiana, un recuerdo de la época del gore relevante en el instituto.

El encuentro con Faust (2000) se produjo el día antes de que la ponencia mencionada con Urbizu. Luis de la Madrid nos visitaba para hablarnos del montaje. Y he aquí que el gran ejemplo que guió la clase fue esta película de la que ya nos reímos en el cine en su día por el año 2000.

Cuando crees que lo has olvivado, todavía sigue ahí, en algún punto muerto. Esa fue la revelación al rememorar la versión cinematográfica de lo que en realidad es un cómic.

Para visionarla, a parte de los cuidados intensivos que precisamente en montaje tuvo la película, hay que aplicar el espíritu Flash Gordon:

1) Vedla con amigos, cuantos más mejor (las influencias del mundo de la química son más que opcionales)

2) Intentad mantener un punto de vista crítico y analítico durante los primeros 15 minutos.

3) Disfrutad el resto de la película de forma distendida.

Tened en cuenta que el diálogo es oro en bruto. El humor basado en la sorpresa encuentra un paradigma cuando nos enfrentamos a un ejercicio así, en el que debemos ver, no cuanto se acerca la película a la perfección, sino cuanto se aleja de la peor pieza audiovisual que pudiéramos aceptar en nuestra imaginación.

Estereotipos: , , ,

Diserta, listillo...