Soltando piernas desde Ávila

laparadilla

Sadomasoquismo y locura son palabras amables. Tenía que hacerlo al menos una vez, para ver lo que era. Esta gran frase del presidente Truman tras el popular lanzamiento de las dos bombas atómicas es la que me ha inspirado para coger el tren a Ávila y volverme en bici desde allí. ¡Tranquilos! No me he aburrido en el viaje. Para el tren me llevé el manual de guión de Robert McKee -el profesor que dice muchos tacos en Adaptation (2002)-. Y después, a volver, y con plato pequeño. No porque no sea un viril macho, sino porque mi hermano dice que en pretemporada hay que hacerlo así, “para crear enzimas“.

Ese gran Popovych ha conseguido engañarme, y así he vuelto, 85 kilómetros, 3 puertos, y lo que mas me ha partido el alma: al salir de Ávila, daba viento en contra. Los que conozcan la zona, sabrán que los primeros 15 kilómetros del recorrido eran una recta en subida, con lo que las constantes blasfemias encima de la bici no han dejado de sucederse.

Eso sí, me he sentido como Roberto Heras y Franck Vandenbroucke (había desayunado sobaos pasiegos, como los héroes mencionados) ascendiendo por el pavé de la muralla. ¡Qué momento! En fin, el resto de las 3 horas que he tardado se resumen en que me he cruzado con un perro (ciclismo, un deporte entretenido).

Eso sí entre trabajos y guiones, ya voy encontrando la forma para poder afrontar retos como el campeonato de alevines de Becerril de la Sierra, o la Copa de Madrid de Mountain Bike. ¡Preparaos Yarolavs!

Foto | Chiquiricuatre en Panoramio

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Diserta, listillo...