Comenzando
13 de Octubre de 2010De la rutina de los días de trabajo solapados en la memoria uno tras otro se escapan los primeros (para muchos también los últimos). En este caso los segundos actos naufragan a saber entre qué sustancias cerebrales que quedan por debajo de sus hermanos pequeños y mayores. Y de los pequeños, de los comienzos, si es que se han repetido en demasiadas ocasiones, también se genera su propia rutina de comparaciones entre ellos.
Sobre los primeros, inconscientemente nos mueven las referencias anteriores optimizadas. Los mismos desayunos que se quedan en la mesa, últimas comprobaciones antes de salir, prisas, sudores de manos, solo dos páginas leídas en el bus, Moncloa sigue oliendo (esta es solo una más de las ventajas de vivir en la siera), portales (¿me lo imaginaba así?) y voilá… Y esto según sucede y se sucede aleatoria y anualmente, como ocurre con toda rutina, termina por ser doblegado por las aglomeraciones y plegado en solo recuerdo singular, en lugar de muchos singulares repetidos a través de los años. Pero hoy ha sido diferente…






