Bea ha descrito en su blog a la perfección un sentimiento que seguramante es común a muchos los que en su día nos alistamos en el Máster. Os animo a leerlo dada mi incapacidad y disonancia para centrarme en temas relevantes del comportamiento propio y vivencias personales de cara al blog.
Y se acabó. Ahora toca dedicarse a otros menesteres, esperemos relacionados con lo vivido. Pronto subiré el montaje cariñoso y local de la fusión entre Máster y Galactica. De momento, el próximo mes posiblemente me espera de nuevo el trabajo televisivo en las granjas.
Turno para el entretenimiento en el Máster. De entre las múltiples tareas que nos toca afrontar, una es el elevado y profundo estudio de programas como SLQH. Para este, hemos elaborado (con la inestimable ayuda de Manu Bernardo) este reportaje sobre Evo Morales y su dilema sobre si los pollos inducen a la homosexualidad.
Y Lost se acabó, con el final más agradable que podían echarnos a la cara. Quizá demasiado agradable. Sin embargo, este post no va de eso. Para los que se queden con ganas enigmáticas sobre qué es/era/será las Isla, que no descartaría yo el futuro, Juanan compañero de Máster facilita este enlace.
Este post es en realidad la locura que vivo estos días, que seguro que contar las cosas en un blog ayuda. Después de un sketch con Lleo de tarde chof tras comida china originaria, restan 234234 pequeñas tareas que se están convirtiendo en una gran bola de nieve: la parodia masteriana de Battlestar Galactica, las entregas de los últimos trabajos que incluye un montaje-doblado de Evo Morales, los nuevos rumbos de Getafe Sector 3, seguir amueblando esta casa lleva su tiempo, el monólogo final de Máster, rematar con Saliraganar… todo esto aderezado y culminado el próximo lunes con el examen de finés. Da tiempo a todo.
Lleo, Julia y yo nos hemos mentalizado ciertamente sobre la importancia del método de trabajo a la hora de desarrollar nuestra historia en el Máster de Guión. Si al principio nos empeñamos en utilizar más Skype que otra cosa, hemos terminado por reunirnos como los cánones mandas, a pesar de las cientos de kilómetos que separan nuestros domicilios, y hemos querido seguir el consejo y ejemplo de nuestros maestros.
Las afinidades electivas de los cineastas seguidores de Mefistófeles han sido más o menos afortunadas a lo largo de la historia. Pues bien, esta última jornada de Máster, de la que acabo de volver mentalmente agotado, después de una de las mejores ponencias a las que haya asistido y asistiré, obra de Enrique Urbizu, me ha dejado además el poso de una casualidad faustiana, un recuerdo de la época del gore relevante en el instituto.
Hoy es jueves. Para mi, día de estaciones, revisores, prisas, caminatas, guiones, estructuras, paradigmas y construcción de personajes. Hoy es día de Máster salmantino. Gracias a esa magnífica invención que es el post programado, me puedo comunicar con vosotros, esta vez para hablaros un poco de ese misterioso fenómeno en mi vida, que en vuestras cabezas a de sonor con redoble de tambores previo y posterior, me refiero al mencionado Máster.
Tranquilos, el informe de actividad gafapastil todavía me da valores controlables, así que me limitaré repetir la escena que uno de los ponentes nos puso como ejemplo para analizar, perteneciente a la película Play it again, Sam (1972), o Sueños de un seductor, de Woody Allen.
He religiosamente pagado este documento, necesario para el máster que hoy comienzo en Salamanca, porque así me lo han pedido. Lejos de caer en un monumental enfado, me he deleitado abonando la cantidad, sobre todo, viendo el resultado: estoy más sano que tú, y encima, puedo realizar cualquier actividad para la que esté programado.